Cuando uno es chico sus modelos a seguir e ídolos son sus padres, los tenemos arriba de un pedestal y tendemos a querer seguir sus pasos.

El problema es que cuando crecemos no podemos tolerar que se equivoquen, que hagan las cosas mal, porque son esos seres perfectos que cuando eras niño mirabas hacia arriba y pensabas en lo geniales que eran. Solemos olvidarnos que ellos también son humanos y cometen errores con muchas cosas. Y siempre nos decimos la frase cuando yo tenga hijos voy a ser distinta a ellos, pero no hay padre perfecto y cuando tengamos nuestros hijos seguramente cometamos otros errores tratando de evitar ser como nuestros padres.

Hay que entender que todo lo que hacen por nosotros lo hacen con amor, y con las mejores intenciones, aunque a veces no sea la forma correcta. Siempre vamos a tener desacuerdos, pero hay que aceptar que son los únicos padres que tenemos y que hacen lo que pueden con lo que tienen.