Está en nuestras manos reaccionar de manera sana ante lo que nos pasa, o responder automáticamente, con pensamientos y conductas que nos terminan haciendo más daño.

Mientras más atención y conciencia podamos prestar a lo que sentimos, pensamos y a cómo enfrentamos un evento estresante, más capaces seremos de mantenernos libres de la enfermedad. Está en nuestras manos aprender a responder y no reaccionar.

Si nos vemos sometidos a una situación estresante, seguiremos sintiendo que se nos tensa el cuerpo o que el corazón palpita más fuerte. La diferencia clave está en tomar conciencia de lo que nos ocurre, mientras nos ocurre.

Solo así podremos empezar a responder y no reaccionar automáticamente. Y en eso, la práctica de mindfulness es fundamental. La palabra clave aquí es «parar». Detenernos. Darnos cuenta del impulso que nos lleva a seguir eternamente en este remolino de actividades sin conciencia y darnos una pausa. Tomar conciencia y abrir un espacio antes de actuar, para poder elegir sin dejarnos llevar por nuestros automatismos.

Hay situaciones estresantes que nos desbordan como discusiones con amigos, con tu pareja, tus hijos, compañeros de trabajo, y a veces en esos momentos de “calentura” decimos cosas hirientes o fuera de lugar a personas que queremos mucho. Por eso lo mejor que podemos hacer en estos momentos es respirar profundo, ponerle un “stop”, “bajar un cambio”, y pensar antes de hablar.